martes, 15 de noviembre de 2011

Dispara, vamos!

"Dispara, vamos. Aquí me tienes, quieto e inmóvil; dispárame". Aquellas palabras habían salido solas, presa quizá de la desesperación. Necesitaba una idea lúcida en aquel momento, algo que me hiciese escapar, lograr una victoria que me permitiese seguir vivo. Por una vez, no sabía qué decir, no sabía si insultarla o defenderme, si excusarme o humillarla, o intentar hacer que entrase en razón... me decidí por intentar enfadarla, hacerla sentirse culpable de sus propios miedos, de su falta de coraje, de su escasa entereza para tomar una decisión como aquella; terminar conmigo.
"No puedes matarme, y lo sabes. Existes gracias a mí, eres algo en esta vida gracias a mí; ¿en serio vas a acabar con lo único que tienes? No eres nadie".
Como un suspiro que se escapa, exhalé por última vez aquel oxígeno. Sentí un profundo dolor en la zona del abdomen, que se entremezclaba con el frío que inhalaba involuntariamente, por aquel nuevo conducto de respiración artificial que tenía mi cuerpo. Sentí levemente como la sangre emanaba, bajando por mi estómago, cayendo al suelo. Intenté hablar, intenté gritar, pero notaba como mi corazón se contraía, profiriendome un terrible dolor, que me hizo caer al suelo de rodillas, intentando acabar con aquello. Busqué algo de fuerza en mis brazos para intentar taponar la herida, pero estaban inmóviles, como dormidos.
Lo asumí, en aquel momento, asumí aquella idea que me atormentaba desde hacía tanto tiempo, cada día y cada noche, esa tensión que me provocaba el no saber si mañana iba a despertar... se había cumplido. Ella había terminado conmigo, y ahora, recordaba el principio.

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